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La maldición del ganador de la NBA Cup acecha a New York Knicks

El mal momento de la franquicia de la Gran Manzana se va más allá de explicaciones racionales

Jalen Brunson, estrella de New York Knicks.

La reciente caída de New York Knicks parece darle nueva vida a una idea que cada vez gana más fuerza en la liga: la llamada maldición de la NBA Cup sigue muy presente. Tras celebrar su triunfo ante San Antonio Spurs, el equipo neoyorquino ha entrado en una dinámica incómoda que contrasta con la euforia que rodeó la conquista del torneo.

El impulso generado por la victoria se disipó con rapidez. Aunque Jalen Brunson ha mantenido un nivel sólido y constante noche tras noche, el colectivo ha perdido fluidez. Mike Brown, en su primera temporada como entrenador jefe de los Knicks, ha tenido que navegar este tramo complejo mientras intenta mantener la estabilidad del grupo y evitar que la mala racha se convierta en algo más profundo.

En toda la NBA empieza a instalarse una sensación recurrente: los equipos que levantan la NBA Cup suelen pagar el precio poco después. En el caso de Nueva York, los números respaldan esa percepción. Los Knicks solo han ganado cinco de sus últimos once partidos, todos ellos posteriores a la victoria frente a San Antonio. La celebración quedó atrás, pero el calendario siguió avanzando sin dar tregua.

El golpe más contundente llegó ante los Detroit Pistons, en una derrota por 121-90 que dejó una imagen preocupante. Fue una de esas noches que vacían el banquillo de energía y convierten el siguiente entrenamiento en una sesión mucho más intensa. La organización incluso optó por no levantar la pancarta de la NBA Cup, dejando claro que el verdadero objetivo está en junio y no en diciembre. Aun así, el debate persiste. El subidón emocional, el desgaste físico y la dificultad para retomar el ritmo habitual siguen rondando al equipo. La afición lo percibe, y el vestuario también.

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La maldición del ganador de la NBA Cup acecha a New York Knicks

Un patrón que se repite y un nuevo desafío para New York

La supuesta maldición de la Copa NBA sigue un guion sencillo: ganar y, acto seguido, tambalearse. Los Lakers registraron un balance de 3-7 tras conquistar el torneo. Los Bucks terminaron 5-5 después de imponerse a Oklahoma City. Ahora, los Knicks presentan un récord de 5-5 en sus diez partidos posteriores al título. No es un derrumbe total ni tampoco una reacción contundente, sino una fase de baloncesto plano tras una gran escalada emocional. Una especie de resaca invernal que vuelve a reflejarse en los números.

A pesar de todo, Brunson sigue jugando con control y madurez, mientras Mike Brown continúa ajustando rotaciones y ritmo en busca de soluciones. Los problemas están identificados: dificultades en la ejecución en finales cerrados, desajustes en la defensa en transición y lapsos breves que se transforman en parciales importantes del rival. Sin embargo, aún existe margen para reaccionar. La salud puede ayudar a definir roles con mayor claridad, y el Madison Square Garden tiene la capacidad de cambiar la energía de un equipo en cuestión de minutos.

Bajo el brillo de los focos, la pregunta permanece abierta: ¿es realmente inevitable la maldición de la Copa NBA o están los Knicks a punto de romper el patrón y transformar esta racha incómoda en un punto de inflexión más duro, pero también más constructivo?